viernes, 21 de agosto de 2015

Cinemascope

-¿Pero qué coño hace esa montaña ahí? Aquí había una carretera. ¡Una carretera!

Y desde luego nunca había habido un túnel debajo de una montaña. Solo una carretera que te llevaba al siguiente pueblo. Una carretera junto a un pequeño aeropuerto y ahora nada de eso existía. Me bajé del coche para asegurarme. Los coches entraban por un túnel más negro que la noche y parecían salir por el otro lado. Donde no se distinguía más que claridad. A nadie parecía importarle que un macizo descomunal hubiese aparecido de repente en nuestras vidas.
Hasta ese momento todo había sido perfecto. Mi madre me había llamado para contarme que el próximo lunes se jubilaba y que se iba con mi padre a conocer China. Mi hermano me había mandado la ecografía de la que iba a ser mi sobrina y estaba en el coche rumbo al trabajo cuando me han llamado para hacerme fijo. Y entonces he levantado la vista del móvil y ahí estaba la inmensa mole y el túnel.

Aparqué el coche en el garaje y corrí escaleras arriba. Me faltaba el aire no entendía nada. Me pare en el descansillo a respirar. Cuando me volvió a dar la luz del sol me paré a pensar. Sentí una mano en mi espalda, di un respingo y sorpresa. Amadeo, mi primer novio al que no veía hace 25 años estaba parado ahí delante. Sonriendo.
- Pero qué alegría Angel. Encontrarte aquí.- Exclamó él con una sonrisa que me derritió como antaño.
Sentí hacerme muy pequeño y recordé los besos más cortos y más largos que nunca me han dado. Cada noche eterna que se hacía como un suspiro. Y de repente oscuridad. La noche y un foco apuntándome. A las 3 de la tarde, en plena calle. El mundo había desparecido. Solo se veía un resplandor al fondo de lo que se supone que es la avenida principal de mi ciudad. Una calle flanqueada por álamos. Pero ahora solo hay sitio para una pantalla suspendida en el aire y ahí pequeños videos de mi vida. Mis primeros reyes magos, el día que descubrí que la luna me seguía, un montaje de mi infancia, con fotografía estáticas que alguien me había tomado cada día de mi vida.
Me acordé del show de Truman. No podía haberme pasado a mi. Toda una vida ficcionada. Había sido fruto de un experimento psicológico o peor mediático. De donde aparecían tdos esos momentos felices de mi vida.

El sol volvía a brillar y la gente seguía paseando como si nada estuviera pasando. Alguien debía estar gastándome una broma.
-No te preocupes txiki.-la voz de mi abuela sonaba en off en toda la calle. Me giré y veo a mis abuelos. Y entonces me puse a llorar. Me caí al suelo. Me abrazaron y vi que eran de verdad. Entonces su muerte también había sido una ficción preparada por los crueles realizadores que habían tornado mi vida en espectáculo.
-Ángel ya ha terminado todo felicidades.
-¿Pero qué ha terminado abuela? Es todo una broma de mierda.
- Bueno bien mirado al final toda la vida es un poco una broma de mal gusto- Repuso ella con una carcajada genuinamente divertida. Lo que me faltaba que se cachondearan de mi- Mira Ángel, piensa un poco. Eres más listo que todo eso piensa un poco repasa. Resume.
Que resuma dijo la vieja. Que fácil era decirlo. Que resuma, que resuma. ¡Que resuma! Y entonces lo vi todo. El túnel, la luz, mi ex, los recuerdos felices. El móvil. Que tonto soy claro. Mira que me lo había dicho. No cojas el móvil cuando conduzcas. Y zas. Me veo viendo el resumen de mi vida y un túnel oscuro con luz al final. Si es que era blanco y en botella.

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